Nuestra galaxia, la Vía Láctea, es una galaxia espiral barrada, es decir, está compuesta por un bulbo central de estrellas, una barra de estrellas que atraviesa este bulbo y un disco plano que rodea todo. Es en este disco donde se encuentran los brazos galácticos, estas estructuras brillantes en espiral que observamos en otras galaxias. Estos brazos no son estructuras rígidas, sino más bien zonas de mayor densidad donde se acumulan estrellas, gas y polvo. Nuestro sistema solar se encuentra en uno de estos brazos, el Brazo de Orión, entre el Brazo de Perseo y el Brazo de Sagitario.
Los brazos espirales de nuestra galaxia son como bandas más densas donde hay más estrellas, gas y polvo. Físicamente, esto significa que la materia no está distribuida uniformemente, sino que forma regiones concentradas que giran alrededor del centro galáctico. Para entender cómo se forman y evolucionan estos brazos, es necesario estudiar cómo el disco de la galaxia, que gira sobre sí mismo, permanece estable o no, cómo pueden aparecer ondas de densidad y cómo nacen e interactúan el gas y las estrellas en estas zonas.
Para trazar los brazos, los astrónomos utilizan varios "indicadores": el gas atómico detectado mediante una onda de radio llamada 21 cm, el gas molecular (principalmente CO), las regiones donde nacen las estrellas (regiones \(\text{ion}\,\text{H}\,\text{ii}\)) y los grupos de estrellas jóvenes. Al combinar mediciones precisas de velocidad, distancia y posición (por ejemplo, con el satélite Gaia o mediciones muy finas llamadas máseres), podemos mapear la forma de los brazos. Estos suelen parecerse a espirales logarítmicas, es decir, curvas que se enrollan alrededor del centro de manera regular, definidas por un ángulo de apertura llamado "ángulo de paso".
El disco galáctico se modela como un fluido rotante bajo su propia gravedad. La velocidad a la que giran las estrellas y el gas depende de la fuerza gravitacional que las atrae hacia el centro. Esta velocidad circular \(v_c(R)\) está relacionada con la pendiente del potencial gravitacional. Para saber si el disco es estable o si colapsará localmente (formando así brazos o cúmulos), se utiliza un criterio llamado parámetro de Toomre \(Q\). Depende de la densidad de la materia, la velocidad del sonido en el gas (que refleja la presión o la turbulencia) y la dinámica orbital. Cuando \(Q\) es menor que 1, el disco se vuelve inestable y puede formar estructuras como los brazos.
La existencia de los brazos espirales ha intrigado durante mucho tiempo a los astrónomos. Dos teorías principales intentan explicar su formación y persistencia.
Estas dos teorías no son mutuamente excluyentes, y es posible que ambas contribuyan a la formación y dinámica de los brazos galácticos.
Gracias a técnicas muy precisas, como las mediciones de posición y movimiento de las estrellas con el satélite Gaia o las observaciones de radio muy finas de los máseres, los astrónomos ahora pueden construir un mapa en 3D de la Vía Láctea y medir con precisión las velocidades de los objetos que se encuentran en ella. Estos nuevos datos muestran que nuestra galaxia tiene tanto brazos espirales estables, que se asemejan a ondas globales, como estructuras más temporales que aparecen localmente. Esto da una imagen compleja pero lógica, donde varios fenómenos se combinan para dar forma a los brazos espirales que observamos.
Desde un punto de vista mecánico, los brazos espirales resultan de un compromiso entre modos colectivos (ondas de densidad) y fenómenos locales transitorios amplificados por el cizallamiento y la disipación en el gas. La Vía Láctea parece combinar estos dos mecanismos, lo que explica la complejidad de su estructura espiral. El enfoque multi-trazador y multi-escalas es esencial para descifrar la dinámica galáctica.
La Vía Láctea cuenta con cuatro brazos espirales mayores: el Brazo de Perseo, el Brazo de la Regla-Cisne, el Brazo de Sagitario-Carina y el Brazo de Orión (donde se encuentra nuestro sistema solar). Contrariamente a la creencia popular, las estrellas no permanecen fijas en estos brazos, sino que los atraviesan durante su órbita galáctica, a una velocidad promedio de 220 km/s.
Nombre del Brazo | Longitud (años luz) | Masa Estimada (masas solares) | Tasa de Formación Estelar |
---|---|---|---|
Brazo de Perseo | ∼ 25,000 | 2 × 109 | 0.5 estrellas/año |
Brazo Sagitario-Carina | ∼ 20,000 | 1.5 × 109 | 0.8 estrellas/año |
Brazo de Orión (local) | ∼ 3,500 | 3 × 108 | 0.1 estrellas/año |
Brazo de la Regla-Cisne | ∼ 18,000 | 1.8 × 109 | 0.6 estrellas/año |
Brazo del Cisne-Sagitario | ∼ 15,000 | 1.2 × 109 | 0.4 estrellas/año |
Brazo del Escudo-Cruz | ∼ 18,000 | 1.6 × 109 | 0.7 estrellas/año |
Brazo del Centauro | ∼ 12,000 | 9 × 108 | 0.3 estrellas/año |
Extensión del Brazo de Orión | ∼ 5,000 | 4 × 108 | 0.2 estrellas/año |
Fuente: NASA Spitzer Space Telescope y ESO Galactic Structure Studies.
Dentro de aproximadamente 4 mil millones de años, la Vía Láctea colisionará con la galaxia de Andrómeda. Esta interacción gravitacional mayor modificará radicalmente la estructura de nuestros brazos espirales, transformándolos probablemente en una galaxia elíptica. Las simulaciones numéricas sugieren que la probabilidad de una colisión estelar directa sigue siendo ínfima, del orden de \(10^{-12}\) por estrella.
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